Artículo realizado por Diario de Burgos

Comisariado de Fernando Barrionuevo

Inicia sus estudios de pintura en la Academia Atrium, prosiguiéndolos en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, y recibiendo en 1974 una Beca para ampliar estudios en la Jan Van Eyck Academie de Maastrich. Es profesor de dibujo artístico en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Burgos. Su trabajo, está influenciado por el expresionismo abstracto americano, en especial Willem de Kooning pero en sus paisajes urbanos, tiene sin embargo sus raíces en la pintura abstracta realizada en los Paises Bajos, en concreto con referencia a los hermanos Van Velde. Es en la sobriedad del colorido y en el gesto decidido pero sabiamente limitado, donde asoma este peculiar concepto estructural que tuvo escaso eco en el desenvolvimiento de la vanguardia europea.

 

Así mismo, Sanz de la Fuente mantiene el vigor en la forma de concebir la composición, que en su día practicaron con sobriedad de recursos pintores españoles como José Guerrero , Antonio Saura , y Viola. Ha realizado numerosas exposiciones individuales, destacando su presencia en Arco´84 en la Galería Juana Mordó.

Obra presentada en Doce Dodici en Milán, con MECA
Obra presentada en Doce Dodici en Milán, con MECA

Si uno entra a su estudio, lo del pintor bohemio, caótico y desordenado parece un anacronismo que alguien se inventó una vez porque venía bien para adornar el paisaje. En los dos espacios que Antonio Sanz de la Fuente destina al trabajo -un ático para pintar y un sótano para realizar las tareas más elaboradas-, todas las herramientas están metódicamente clasificadas y al alcance de la mano. Aprovechando la luz natural o la ‘magia’ que afirma le aporta la madrugada, el pintor burgalés se afana en su obra en el tiempo que le deja libre su trabajo como profesor de Dibujo Artístico en la Escuela de Arte de Burgos.

 

Para alguien que concibe la pintura como un proceso, la creación no entiende de prisas, premuras o plazos. Y esa celeridad tampoco existe -ni se añora- si se trata de hablar de arte. Por eso, mientras visitamos su estudio en la avenida Islas Canarias, Sanz de la Fuente se embelesa mostrando y explicando los detalles de su trabajo, las fases de la creación, los materiales que utiliza, las herramientas que usa y la ‘metafísica’ que envuelve la pintura tridimensional que lleva su firma.

 

Con la serie ‘Versátil’ de hace unos años y con ‘El jardín entre rejas’ del año 2010, Sanz de la Fuente indaga en el tema del equilibrio, en la creación de un todo a partir de fragmentos, en el diálogo que establece el óleo combinado con el plomo, la madera o el metacrilato y en los volúmenes que puede conseguir con una abstracción a medio camino entre la pintura y la escultura.

 

Para dar forma a esas piezas -en ocasiones parece erróneo denominarlas cuadros-, el artista necesita hacer cálculos matemáticos, realizar labores de ebanistería, mezclar la paleta de colores y estudiar concienzudamente la composición. Porque en su obra no hay límites entre disciplinas; es un todo híbrido, una escultura que incorpora lo pictórico o una pintura que juega con las cuestiones espaciales; son piezas con formatos alejados del cuadrado o el rectángulo convencional en las que se superponen los elementos.

 

 

Obras presentadas en Doce Dodici en Milán, con MECA

Obtener este tipo de obra en tres dimensiones requiere meses de trabajo y toda una formación académica a cuyos principios siempre regresa. Metódico y disciplinado, el artista no se salta ni un solo paso para conseguir que la obra adquiera el ‘cuerpo’ que pretende: «Necesito empezar haciendo un montón de dibujos germinales, a veces casi desganados, otras más centrados... No los considero bocetos. Son trazos en los que dejo caer las posibilidades formales. Eso me da la pauta y, a partir de ahí, va cobrando su propio desarrollo: si admite un formato grande, un desarrollo pequeño...».

Del lápiz inicial -que se acompaña de sumas, ángulos y números-, el pintor se vuelca en el color y «la presencia» que tendrá esa pieza a partir de la textura y la forma de las pinceladas: «En función del juego que va a haber con las bandas de madera, las tiras de metacrilato o el propio plomo, utilizo un trazo u otro. Es un proceso sumamente lento y contemplativo. De arranque es bastante intuitivo, pero luego se impone la visión reflexiva», asegura.

Esa parte más creativa es la que realiza en el ático de su vivienda, dejando para el sótano todas las tareas constructivas. Pero durante todo el proceso está subiendo y bajando las piezas en función de la perspectiva que vaya tomando la obra en su desarrollo: «A veces te interesa que la pieza tenga una enorme carga pictórica, pero en otras necesito que no perturbe al resto de elementos, según se vaya configurando. Cuando compruebo que la obra va tomando otros caminos o va incorporando cosas nuevas, comprendo que es una situación distinta a la anterior e inicio una serie diferente que seguirá desarrollándose en el tiempo. Son como etapas. Con ‘Versátil’ estuve cuatro años y con ‘El jardín entre rejas’ estuve  dos años y medio».

 

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